lunes, septiembre 28, 2009

IDENTIDAD

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VOYAGE TO AVALON, por Kenji Kawai, de la película polaco-japonesa Avalon.




Buscando online algún test relacionado con la psicología jungiana (Jung es ahora mi nuevo gurú), encontré el Keirsey Temperament Sorter II. Lo hice y resulta ser que cada vez me doy cuenta que soy una persona menos adentrada en la realidad y más metida en un mundo subyacente a ella.

Si quieres hacer este test, la dirección es esta: http://www.keirsey.com/sorter/register.aspx Puedes escoger hacer el test en español, pero las respuestas te las darán en inglés.

Idealists, as a temperament, are passionately concerned with personal growth and development. Idealists strive to discover who they are and how they can become their best possible self -- always this quest for self-knowledge and self-improvement drives their imagination. And they want to help others make the journey. Idealists are naturally drawn to working with people, and whether in education or counseling, in social services or personnel work, in journalism or the ministry, they are gifted at helping others find their way in life, often inspiring them to grow as individuals and to fulfill their potentials.

Idealists are sure that friendly cooperation is the best way for people to achieve their goals. Conflict and confrontation upset them because they seem to put up angry barriers between people. Idealists dream of creating harmonious, even caring personal relations, and they have a unique talent for helping people get along with each other and work together for the good of all. Such interpersonal harmony might be a romantic ideal, but then Idealists are incurable romantics who prefer to focus on what might be, rather than what is. The real, practical world is only a starting place for Idealists; they believe that life is filled with possibilities waiting to be realized, rich with meanings calling out to be understood. This idea of a mystical or spiritual dimension to life, the "not visible" or the "not yet" that can only be known through intuition or by a leap of faith, is far more important to Idealists than the world of material things.

Highly ethical in their actions, Idealists hold themselves to a strict standard of personal integrity. They must be true to themselves and to others, and they can be quite hard on themselves when they are dishonest, or when they are false or insincere. More often, however, Idealists are the very soul of kindness. Particularly in their personal relationships, Idealists are without question filled with love and good will. They believe in giving of themselves to help others; they cherish a few warm, sensitive friendships; they strive for a special rapport with their children; and in marriage they wish to find a "soulmate," someone with whom they can bond emotionally and spiritually, sharing their deepest feelings and their complex inner worlds.

Idealists are relatively rare, making up no more than 15 to 20 percent of the population. But their ability to inspire people with their enthusiasm and their idealism has given them influence far beyond their numbers.



Idealists at Work
Idealists, as a temperament, are passionately concerned with personal growth and development. They are naturally drawn to working with people and are gifted with helping others find their way in life, often inspiring them to grow as individuals and to fulfill their potential both on, and off, the job.

Conscience looms large for you; in almost any situation, you feel compelled to measure yourself, other people, and the conditions of the environment against your personal morality. You have a tendency to perceive questions of meaning in even trivial matters and to worry about far-flung consequences of your actions. In your ideal job, you are free to pursue depth rather than breadth and quality rather than quantity. You feel rewarded when your projects and daily tasks allow you to immerse yourself in your process as deeply as you "need to" in order to satisfy your inner standards of quality. You are uncomfortable with the notion of authority per se and may avoid leading, as well as being led, either consciously or unconsciously. As you experience them, adhering to fixed roles and rules amounts to an abdication of your responsibility to exercise your conscience.

INFP (Introversión sentimental con intuición). Estas personas son idealistas, sacrificadas y con cierta reserva o distancia de los demás. Son muy familiares y hogareños, pero no se relajan con facilidad. Les hallamos con frecuencia entre los psicólogos, arquitectos y religiosos, pero nunca entre los hombres de negocios. Tanto Jung como yo, admiramos a este tipo de personas. ¡Claro, Jung y yo somos así!


martes, septiembre 15, 2009

Un cabello de oro... Y los restos de un sueño...



video
Für Alina(Para Alina), de Arvo Pärt, uno de mis compositores favoritos.
Escuchando y leyendo.

Tu ne m'as laissé, comme un rayon de lune,
Qu'un cheveu d'or sur mon épaule,
Un cheveu d'or… et les débris d'un rêve...


Después de 15 años las cosas no eran muy distintas, veía los mismos edificios, los mismos rostros, las mismas expresiones en la misma gente haciendo las mismas cosas de todos los días.

Era imposible no sentir un dejo desazón en la boca, una sensación de amargura al haber huido de ese lugar, llevar una vida agitada fuera de sus fronteras para luego regresar y observar que parecía que esas fronteras eran también las del tiempo. El reloj se detuvo ante sus puertas, el tiempo se congeló impávido ante los aleros de las ventanas, el cambio era nulo; una vívida visión de tiempos pasados, un montaje bien preparado de lo perdido, una proyección mental de lo que un día fue y que, sorprendentemente, seguía siendo.



(Una mancha verde en la pared)

Una mancha verde en la pared.

(Un tiesto de gerberas rojas)

Un tiesto de gerberas rojas.

(Los bordados de un mantel sobresaliendo del alféizar de la ventana)

Los bordados de un mantel sobresaliendo del alféizar de la ventana.

(El aroma a pan recién horneado)

El aroma a pan recién horneado.

(La aspereza de la pared)

La aspereza de la pared.

(Un cielo brillante tras las enramadas de glicina del parque)

Un cielo brillante tras las enramadas de glicina del parque.

(Los restos de hiedra muerta escalando la pared)

Los restos de hiedra muerta escalando la pared.


Entre la alegría sentida al observar lo que la memoria había guardado con detalle y la nostalgia del eterno paraíso de quietud y solaz muchos años atrás rehusado y perdido, no podía dejar de mezclarse un escalofrío, un espasmo que recorría desde la base de la espalda y subía por los nervios hasta llegar a la punta de los dedos. Era ese terror que nace al contemplar un fragmento de época estacionado en la historia, la sensación de que uno no pertenece ahí y se agudiza el carácter de vagabundo en esta vida y tiempo.

El contacto con el pasado que nos hace sentir el presente como si de un velo ligero, transparente y frágil se tratara. ¡Qué etéreo el presente! ¡Qué cansado el pasado! ¡Qué oscuro el futuro!

Y frente a este trozo de tiempo la mirada se pasea, los sentidos se activan, la razón condesciende, enmudece y escucha. A cada paso ya no hay nada qué descubrir, excepto comprobar que todo está donde se le había dejado. Nada es propio, pero sucede que lo es. La mente y la memoria toman posesión de todo y de cierto modo nos pertenece, están ahí porque son nuestros y por nosotros, sin serlo.

Tras 15 años la memoria se descarga, se vuelca sobre el presente y lo confunde con el pasado, volviéndolos una misma cosa. El alivio de ver que el presente es como lo que fue. El terror de imaginarse que así como fue el pasado sea también el presente. La angustia de que en el futuro todo sea igual.

El aroma a alguien conocido llega a su trompa, en algún lugar de su mente-instinto está claramente grabada la imagen de un niño. Lo oye reír, lo observa extendiendo sus brazos hacia él, sus manos deslizándose sobre su lomo. Abre os ojos con presteza, levanta las orejas y se pone de pie. No puede ser una ilusión, el olor es único, el aire está lleno de él. Menea la cola como antaño y espera con paciencia.

Alguien llega. Se distingue una silueta vaporosa entre los calores de la tarde. No es un niño, ¡pero huele a él! ¿Una hirsuta maraña de cabellos? No, una cabeza con el corte bien definido por el gel, ¡pero huele a él! ¿Una camiseta beige, sucia y desteñida? No, una camisa blanca, limpia y bien planchada, ¡pero huele a él! ¿Unos pantalones cortos descosidos, piernas raspadas y pies llenos de lodo seco descascarándose? No, pulcros pantalones de lino y un par de zapatos relucientes, ¡pero huele a él! ¿Una pelota multicolor, mojada, en sus manos? No, un ramo de flores, una rosa blanca que se asoma entre astromelias, azucenas y racimos de lavanda, ¡No importa, huele a él!

Entre los vapores de la tarde se ve aparecer la casa. Sí, es esa. Está ahí. Un eterno verde y un amarillo primaveral que no permiten desengañar a la memoria: La valla de la que penden racimos de bugambilias, de la que se escapan tulipanes, de la que se asoman dos racimos de hortensias, por la que parece querer salir a respirar una dalia.

Alguien se percató antes que llegara. Un viejo pastor alemán que asoma la cabeza entre los barrotes del portón. Saca la lengua, jadea, mueve dos orejas puntiagudas la mirada que, en desacuerdo con el olfato, ya no percibe a un pequeño infante, sino a un ser cuyo cuerpo ha visto pasar el efecto del tiempo sobre él, cuya mente se perturba entre manojos de pensamientos dispares, pero cuya esencia es la misma. Su aroma también, aunque él no lo sepa.

Acariciando el lomo. El mismo aroma, pero la mano es más grande. Los pelos deslizándose entre los dedos, una piel cálida bajo ellos. El vínculo no ha cambiado, sólo el exterior. ¿Cómo estás, Pelusa? Ella ladra dos veces. Eso podría significar un bien en algún ignoto lenguaje canino.

Dos helechos colgando. Una puerta que se abre sin dificultad. Muebles. Recuerdos. Cortinas. Recuerdos. Fotos. Recuerdos. Vajilla. Recuerdos. Las flores van en el florero sobre la mesa. Una rosa blanca que se asoma entre astromelias, azucenas y racimos de lavanda. Silencio. Tras la ventana un limonero, gallinas que rascan y picotean el suelo, un gato listado que caza grillos, un borrego rumiando por segunda ocasión su comida. Y bien, ¿dónde están?

Habitaciones vacías. Cocina vacía. Baños vacíos. Patios vacíos. Escaleras vacías. La hamaca se balancea en el corredor, a su lado una mecedora le hace compañía, oscilando a su propio ritmo; dos vigilantes en alerta. Pero también vacíos. Dos patas contra la cadera, ¿Pelusa, dónde están? Ella lame la mano que se le extiende. Ladra. Camina por el pasillo al interior de la casa.

¿A dónde vas? Entra a la casa, sale por la puerta trasera. Entra por la otra. Vuelve a salir. Un vientecillo trae un ligero polvo que roza las mejillas, apenas se siente. Ella camina y cambia. Sus orejas se van deshaciendo, va dejando tras sí un polvo gris que se lo lleva el viento. Las paredes se van convirtiendo en ceniza. Los muebles van perdiendo su capa de laca y, mostrando su desnudez, brota de sinnúmero de agujeros, en tropel, la termita.

Un cuerpo canino sin cabeza corre delante, convirtiéndose en polvo. Las paredes son cenizas que se deshacen mostrando un esqueleto metálico reticulado. Los muebles, inagotable fuente de insectos que los convierten en serrín. El óxido devora los metales, los dobla y los vuelve limaduras. La vajilla es ahora montoncitos de arena multicolor que se esparce por doquier. Las fotos, mariposas agitadas, bicromías de otros tiempos que desean escapar: papalotean, se desintegran, desaparecen.

Afuera, junto al pozo, junto a un cuerpo canino sentado, del que solo quedan las patas traseras. Del pozo poco a poco surge un hedor, el nivel del agua sube mientras surgen a flote botellas, viejas ramas quebradas, latas oxidadas, bolsas de plástico y ratas ahogadas. Las hojas de los árboles se marchitan en un instante, volviéndose fúnebre confeti. Las ramas se secan y rompen. Las raíces se retuercen y voltean a sus dueños. Flores muertas revolotean en el aire en una danza de destrucción.

Solo. No hay perro. No hay casa. Solo la peste que emana de un pozo en medio de un mar de desolación. Hierba seca. Ruinas y escombros. Enramadas muertas. Madera podrida. Cojines deshechos. Platos y tazas rotas. Paredes volcadas. Pasamanos oxidados.

El balbuceo lejano de una canción de cuna, un susurro que llena los espacios que el silencio ha ocupado. El primer paso. El segundo. Entre las manos, restos de pelo de un pastor alemán. Entre las ruinas, una mesa que apenas se mantiene en pie. Sobre ella un jarro despostillado. En él, un ramo de flores, una rosa blanca que se asoma entre astromelias, azucenas y racimos de lavanda.



viernes, septiembre 11, 2009

NUEVE MUSAS


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Et incarnatus est, de "Gran Misa en Cm". W. A. Mozart.
Leyendo y escuchando.


¡HOLA! La intención no siempre es lo que cuenta. Al final lo que cuenta es hacerlo.

De este modo decidí abrir un blog. A qué se debe que lo titule ¿Mis 9 musas?


Ya conoces que las 9 musas en la mitología griega, eran la representación de las artes, cada una presidiendo una de ellas. Hijas de Apolo, dios del arte y Mnemosine la olvidada diosa de la memoria (de este modo el arte es un producto del inconsciente; así como de el proviene, a él va dirigido).

Vivían en la cima del monte Parnaso, eran inspiradoras y protectoras de toda forma de Arte y pasaron a presidir toda manifestación de la inteligencia.



En orden alfabético, las 9 son:


Calíope. Καλλιόπη. La de hermosa voz. Musa de la elocuencia y la poesía épica. Se le representaba como una joven de porte majestuoso, con una corona dorada que representaba su supremacía sobre las demás. Sostiene una tablilla y un estilete, en ocasiones un libro, y una trompeta.


Clío. Κλειώ. La que otorga alabanzas. Musa de la historia y la poesía heroica, encargada de mantener el recuerdo de los grandes hechos generosos y los grandes triunfos. Aparece usualmente sentada, con un pergamino o un libro en la mano,coronada de laurel (símbolo de la victoria, un árbol perenne que permanece vivo al igual que la Historia) y también con una trompeta. Se apoya sobre una caja de libros y lleva una clepsidra, para marcar el paso del tiempo.


Erato. ρατώ. La amorosa. Musa de la poesía lírica e idílica (amorosa). Se le representaba con aire festivo, ligeramente vestida o semidesnuda, coronada de mirto (por tratar temas amorosos) y rosas (las flores de Venus), con una lira, un plectro en una mano y una flecha en la otra. Dos tórtolas picotean a su lado y un Amor alado provisto de un arco, carcaj y una antorcha encendida.


Euterpe. Ευτέρπη. La de agradable ánimo. Musa de la música. Iba coronada de flores, sosteniendo en una mano un aulos (doble flauta) y papeles de música en la otra. A veces, rodeada de flautas, oboes, panderos y demás instrumentos musicales.


Melpómene. Μελπομένη. La melodiosa. Musa de la tragedia. De porte grave y mirada severa, iba ricamente adornada, coronada de pámpanos y calzada de coturnos. Llevaba en una mano una máscara trágica y en la otra empuña un cetro o un puñal; algunas veces se apoya sobre una maza para indicar que la tragedia es un arte difícil que exige un genio privilegiado y una imaginación vigorosa.


Polimnia. Πολυμνία. La que tiene muchos himnos. Musa de poesía sacra, la retórica (el arte de la declamación), el arte de la gesticulación, la pantomima y el canto. Se le representaba vestida de blanco (la sinceridad que debe transmitir el orador), coronada de joyas y perlas ( de este modo simboliza la riqueza de la palabra), apoyada sobre una columna, en una actitud reflexiva, con un dedo índice de la diestra puesto en la boca o bien pronunciando un discurso y levantando ese dedo hacia el cielo. En algunas ocasiones con un velo, denotando su carácter sagrado, y con cadenas como símbolo del poder que ejerce la elocuencia.

Talía. Θάλλεω. La floreciente. Musa de la comedia y la poesía bucólica (pastoral). Una muchacha risueña y jovial y mirada picaresca, coronada de hiedra (planta que por permanecer siempre verde es el emblema de la inmortalidad a la que aspiran los poetas), calzada de borceguíes. Llevaba una careta cómica en una mano y un báculo de pastor en la otra.


Terpsícore. Τερψιχόρη. La que se deleita en la danza. Musa de la danza y el canto coral. Se le representa jovial, esbelta, elegante, coronada de plumas de varios colores, significando la ligereza de la danza a agilidad y la libertad de movimientos de esta musa, que acostumbra a representarse bailando. Lleva en sus manos una guirnalda y una lira para acompañar a los coros de danzantes.


Urania. Ουρανία. La celestial. Musa de la Astronomía y las ciencias exactas. Las estrellas forman una diadema en torno a ella, de las cuales también está cuajado su manto azul. Porta en una mano un globo celeste y con la otra va midiendo sobre él con un compás. A sus pies se esparcen instrumentos matemáticos y científicos, compases, escuadras, astolabios, telescopios, etc.


Como dato curioso, les comento a todos aquellos que no son curiosos o perceptivos, que dentro del teatro Clavijero, aquí en Veracruz, pueden encontrar las estatuas de las nueve musas. Alrededor de las escaleras y en el recibidor de las plateas.


Bien, si todas estas representan lo que los griegos consideraban las artes mayores, ahora ya no es así.

Muchas de ellas se han integrado con otras o desaparecido –el canto y la música se fusionaron; lo mismo que la poesía épica, coral, sacra, lírica, idílica y bucólica, la tragedia y la comedia en la literatura; la mímica y la danza se fusionaron; la astronomía se convirtió en ciencia, ya no se considera arte- y nuevas disciplinas entraron y existe lo que llamamos las Bellas Artes: Literatura, música, escultura, arquitectura y pintura.

Pero estas no son las musas de la que les hablo. Cada persona, cada artista, cada realizador trae en sí mismo un conjunto de habilidades, inquietudes, motivaciones, destrezas y preferencias que lo llevan a encaminar su vida a través de su propio sendero, un sendero único que él mismo se ha trazado.

El alma forja el camino, la inspiración nos impulsa a través de él, el deseo nos mantiene, la motivación nos da esperanza, y la esperanza nos alimenta.

Nueve son también las musas que inspiran mi vida:

1. La música. Si pudiera elegir a quienes me inspiran en este rubro, Wolfgang A. Mozart y Gustav Mahler (ambos compositores).

2. La literatura. Aquí serían ambos hombres, Michael Ende y Hermann Hesse (ambos novelistas y cuentistas).

3. Las artes gráficas. Alphonse Mucha y Remedios Varo (ambos pintores e ilustradores).

4. Filología. No solo admiro a J. R. R. Tolkien por lo que escribió (ESDLA), sino por su labor como filólogo, y por él es que se me metió la curiosidad por el finlandés. Además, en la actualidad, un griego llamado Ionanis Ikonomou habla 32 idiomas; claro, no aspiro a tanto.

5. El cine. Jean-Pierre Jeunet y Terry Gilliam (ambos directores).

6. Las Ciencias biológicas. Siempre he sido admirador de Isaac Newton y Albert Einstein (ambos físicos).

7. El anime. Nobuteruu Yuuki (ilustradora) y Yuu Watase (mangaka).

8. Ciencias humanas. Victor E. Frankl y Jean Piaget (psicólogos).

9. La filosofía. Parménides de Elea y Jean-Paul Sartre.

De esto trata mi blog, de aquellos aspectos del mundo que me motivan, de toda aquella belleza que existe en el mundo, que simplemente está ahí, esperando que alguien vea que existe.

Termino despidiéndome, espero ser constante en esto. Te ofrezco un poco de arte que he encontrado relacionado con el tema de las musas.


P.D. Detesto que todo el formato se mueva una vez ya publicado el artículo, maldito Blogger!!!!